31 octubre 2008

Un homenaje a las tiendas de ayer


Las grandes superficies comerciales han aplastado, con el paso de los años, a los pequeños comercios familiares que, antaño, cumplieron una gran labor, proveyendo de víveres a sus vecinos en las épocas de escasez. Son las tiendas de aceite y vinagre, a cuyos tenderos se les hace hoy un reconocimiento.

Aún quedan resquicios de otra época en los rincones de Firgas y todavía, hoy, los vecinos siguen tocando a sus puertas, a cualquier hora del día, cuando les hace falta aceite, agua, azúcar o un limón. Sólo cinco establecimientos de aceite y vinagre siguen en activo en la villa; dos en el casco, uno en el Barranco de Las Madres y dos en La Cruz. Pero han sido muchos, los que durante décadas, han dado de comer y han ayudado a sobrevivir a las familias firguenses. Por este motivo, el ayuntamiento ha decidido homenajear a 35 tenderos que han mantenido sus comercios abiertos durante más de 30 años en el municipio, ofreciéndoles un obsequio y recreando, en la Casa de la Cultura, una tienda de este tipo, con multitud de productos cotidianos que se usaban en ellas.

¿Quién no se acuerda de comprar loción ZZ para acabar de un plumazo con los piojos; de los tarros grandes de cristal, donde se amontonaban los codiciados caramelos, que querían saborear los niños; de las latas en las que se vendían las galletas Tamarán; de las pastillas hisopo, para lavar la ropa en las acequias; de los clásicos botines El Gallo, que fueron una revolución entre los chicos jóvenes de antaño: o, de decir: «apúntemelo en la libreta, que ya le pago otro día»? La respuesta es nadie.

Todos estos artículos, que aún existen olvidados en algún rincón, se han dado cita en una exposición que se ha montado en la Casa del Cultura de Firgas, siendo donados por los propios vecinos de la villa. Un teléfono de los años 20, básculas para pesar la fruta y las verduras, vasos para servir el ron, palillos para destupir las cocinillas de gas, estropajos de hilo de pita y hasta las cartillas de abastecimiento que tenían las familias durante la Dictadura, que datan del año 1946, son sólo algunos de los productos expuestos con motivo del Séptimo Firgas con sus costumbres y tradiciones, que este año recuerda la labor de las tiendas de aceite y vinagre.

"Aquí se vende desde un alfiler a un elefante".

De todo. Eso es lo que se ofrecía y se ofrece en las tiendas de aceite y vinagre. El establecimiento de Teresita, escondido en la carretera del Barranco de Las Madres, es como «Alcorde, aquí se vende desde un alfiler hasta un elefante», explica la dueña de esta tienda, que es punto de venta, bar y lugar de encuentro.

Su local, familiar, está abierto a todo el mundo. Es tan conocido que, incluso, aparece recogido en las guías turísticas alemanas. Pero quienes impregnan sus paredes de ruidos y olores son los propios vecinos de la villa que, desde que pueden, «se acercan a tomar unos botellines y a tocar las guitarras», comenta Teresita. Un asiduo de este lugar es el conocido artista Abelardo El Tormento.

La tienda de Teresita se ha convertido en lugar de encuentro cada 1 de enero. Después de las fiestas para despedir el fin de año, «muchos se dan un salto y terminan la juerga aquí», dice Paola, una de las clientas de Teresita.

Al otro lado del municipio, hace tan sólo un año, Alejandro García, de 75 años, seguía regentando su establecimiento en Padilla, que abrió «con 16.000 de las antiguas pesetas», en 1950. Aún recuerda cómo los niños le «robaban» chochos cuando los ponía a endulzar en la acequia y, aunque ya no tiene libreta, sí que tiene memoria para recordar cuántas personas le deben aún dinero, porque él era de «los de fiar».

Como Alejandro y Teresita, hasta 103 personas, desde 1950, han vivido regentando tiendas de aceite y vinagre.